Opinión del Profesional
de la Salud
Reflujo gastroesofágico
“Se estima que cerca del 50 % de los lactantes tiene reflujo en los primeros tres
meses de vida, cifra que aumenta a casi 70 % entre los cuatro y los seis meses y
después va disminuyendo paulatinamente hasta llegar a 5% y 10% cerca del año de
edad”.
“Los signos que alertan acerca de la posibilidad de un reflujo intenso y complicado
son el llanto y rechazo de la alimentación pese a que el niño evidencia tener hambre,
los vómitos con sangre, la anemia sin causa aparente, la tos después de alimentarse,
los fenómenos repetidos de atragantamiento o de apnea o asociados con vómitos o
regurgitaciones, especialmente durante la noche, la ronquera persistente y las laringitis
repetidas, el asma nocturna y las neumopatías a repetición.
¿Qué es el reflujo gastroesofágico? El reflujo gastroesofágico es el retorno
sin esfuerzo del contenido ácido del estómago al esófago.
¿Qué mecanismos impiden normalmente el reflujo gastroesofágico?
La anatomía de la unión entre el esófago y el estómago es muy compleja y su función
es precisamente, evitar el reflujo. En esta zona hay un anillo de fibras musculares
lisas que forman el cardias. Éste se encuentra normalmente en un cierto estado de
contracción y forma la barrera que dificulta el reflujo. Al tragar, el esfínter
esofágico se relaja de manera coordinada con el progreso del bolo de alimento, permite
su paso al estómago y retorna a su estado de contracción previa. Otros componentes
de la unión del esófago con el estómago también participan en mantener el cierre
del cardias. Un complejo sistema de nervios y células productoras de hormonas contribuyen
a controlar y coordinar el funcionamiento de la unión
¿Qué síntomas produce el reflujo gastroesofágico?
El reflujo hacia el esófago puede no producir síntomas o llegar a causar quemaduras
por ácido e inflamaciones intensas: la esofagitis por reflujo. El reflujo gastroesofágico
se manifiesta por regurgitaciones y vómitos que, por su frecuencia en las primeras
semanas de vida, llegan a ser considerados casi normales. Se estima que cerca del
50 % de los lactantes tiene reflujo en los primeros tres meses de vida, cifra que
aumenta a casi 70 % entre los cuatro y los seis meses y después va disminuyendo
paulatinamente hasta llegar a 5% y 10% cerca del año de edad. En la mayor parte
de los casos la regurgitación y los vómitos desaparecen entre los 12 y los 18 meses
de edad. Esto representa la maduración del funcionamiento de la unión entre el esófago
y el estómago. De los lactantes con reflujo, cerca del 5 % presenta esofagitis o
fenómenos de aspiración a la vía aérea, alteraciones de la laringe, etc. Los signos
que alertan acerca de la posibilidad de un reflujo intenso y complicado son el llanto
y rechazo de la alimentación pese a que el niño evidencia tener hambre, los vómitos
con sangre (hematemesis), la anemia sin causa aparente, la tos después de alimentarse,
los fenómenos repetidos de atragantamiento o de apnea o asociados con vómitos o
regurgitaciones, especialmente durante la noche, la ronquera persistente y las laringitis
repetidas, el asma nocturna y las neumopatías a repetición; a veces el único síntoma
es el deterioro del estado nutricional.
¿Cómo se estudian los pacientes con reflujo?
El método más importante es el examen físico y la historia clínica. Los estudios
incluyen exámenes radiológicos con medio de contraste, el monitoreo del pH esofágico
incluyendo el registro por 24 horas, la endoscopía alta con biopsias y otras técnicas
de uso menos frecuente.
¿Cómo se trata el reflujo gastroesofágico?
En la mayoría de los casos el especialista vigila la evolución del paciente y maneja
los síntomas en forma conservadora, tranquilizando a los padres y observando la
mejoría de los síntomas. En el tratamiento hay que considerar que en la mayoría
de los casos el cuadro desaparecerá sin dejar alteraciones. Los pacientes con reflujo
intenso o complicaciones, como la esofagitis, se tratan con inhibidores de la secreción
del ácido gástrico y otros (la domperidona) que aceleran el barrido del esófago
y el vaciamiento gástrico; además, se dispone de protectores de la mucosa del esófago
(sucralfato). ¿Qué medidas se pueden aplicar en la casa?
Una de las medidas con mejor rendimiento es acostar al niño con la cabeza más levantada
que los pies, levantando la cabecera de la cuna para que se forme un ángulo de unos
30º. Otras medidas útiles son disminuir del volumen de cada alimentación y aumentar
su número. Por último hay que evitar alimentos irritantes como la menta, el cacao,
la cafeína o las especias, ya que estimulan el reflujo, pero en general estos no
forman parte de la dieta de los lactantes.
¿Cuál es el pronóstico de estos pacientes?
En general el pronóstico es bueno. El manejo del reflujo gastroesofágico requiere
paciencia y la colaboración de los padres con el pediatra. Sólo una minoría muy
restringida de casos llega a necesitar tratamientos quirúrgicos.
Dr. Oscar Brunser
Regional Medical Advisor Nestlé Nutrition